CORE33 advierte un deterioro acelerado en el sector agrícola de Sinaloa

En la última reunión del año, CORE33 expresó su preocupación por el deterioro que atraviesa el sector agrícola en Sinaloa, marcado por bajos precios, costos crecientes y una fragilidad estructural que pone en riesgo a miles de productores y empresas vinculadas al campo.

El organismo señaló que el panorama para las hortalizas es especialmente adverso debido a la caída de los precios, mientras que en los granos persiste la incertidumbre tanto por las condiciones del mercado como por el aumento de los costos de producción.

A esta situación se suma la debilidad histórica del tejido empresarial sinaloense. Según los Censos Económicos 2024 del INEGI, más del 93% de las unidades económicas del estado son microempresas y el 92% reporta ingresos inferiores a 2 millones de pesos anuales. Esta estructura limita la capacidad de respuesta frente a crisis de precios, sequías y el encarecimiento de insumos.

Agua, mano de obra y financiamiento: los puntos críticos

CORE33 advirtió que la disponibilidad de agua se ha convertido en uno de los problemas más severos para el campo. La dependencia creciente del bombeo de pozos, muchos con niveles de salinidad y conductividad cada vez mayores, está afectando la sanidad de los cultivos, reduciendo rendimientos y elevando los costos por correcciones de suelo y manejo nutricional.

La escasez de mano de obra también se está acentuando. La migración por motivos de inseguridad o búsqueda de mejores salarios —que en Sinaloa pueden ser entre 1.5 y 2 veces menores que en otras entidades— está dejando sin trabajadores calificados y jornaleros a numerosas zonas productivas.

El impacto alcanza además a proveedores de insumos, servicios y logística. CORE33 reporta una caída en las ventas, recortes de personal y dificultades crecientes para cumplir compromisos fiscales y de seguridad social, especialmente con el IMSS.

El financiamiento productivo continúa siendo un obstáculo estructural. Sólo el 14.7% de las empresas del estado tuvo acceso a crédito, porcentaje que baja al 11% entre microempresas. La mayoría de estos recursos se destina a gasto corriente, lo que limita la posibilidad de invertir en tecnificación y modernización.

Una agenda para evitar el colapso

CORE33 advirtió que esta combinación de factores configura un riesgo sistémico para el campo sinaloense: menor rentabilidad, abandono de superficies, debilitamiento de la cadena productiva y un deterioro generalizado en la competitividad agrícola.

Ante ello, el organismo presentó una agenda de cinco ejes:

  1. Gestión eficiente del agua mediante riego tecnificado, conservación de suelos y monitoreo de calidad hídrica.
  2. Diversificación de ingresos rurales, impulsando agroindustria, turismo rural y proyectos de energías limpias.
  3. Tecnificación agrícola, incorporando agricultura de precisión y prácticas sostenibles.
  4. Alianzas estratégicas entre productores, empresas, academia y gobierno para atraer inversión y abrir nuevos mercados.
  5. Acceso real al financiamiento productivo, orientado a proyectos de modernización y no sólo a gasto operativo.

CORE33 reiteró su disposición para colaborar con autoridades, instituciones financieras y organismos empresariales. “Defender al sector agrícola es defender el empleo, la seguridad alimentaria y la estabilidad social de Sinaloa”, concluyó el organismo.

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