El Colectivo de Organizaciones y Empresarios (CORE33) puso sobre la mesa un tema incómodo: la permanencia del Impuesto Especial a Productos y Servicios (IEPS) en combustibles, al que responsabiliza de encarecer la producción nacional y debilitar la competitividad de México en el mercado global.
Durante su conferencia quincenal, el presidente del Consejo Nacional de Productores Acuícolas de Camarón, Carlos Urías Espinoza, sostuvo que el impacto del impuesto va más allá del transporte, pues eleva también los costos de electricidad y presiona el bolsillo tanto de empresas como de consumidores.
En un entorno donde los costos logísticos internacionales se han reducido, dijo, México compite cuesta arriba. “Las mercancías hoy viajan más barato, pero producirlas aquí resulta más caro”, resumió, al advertir que esta desventaja termina por excluir a productores nacionales de mercados más amplios.
Urías Espinoza recordó que el IEPS fue creado como un mecanismo para captar recursos de la economía informal, bajo la lógica de que todos consumen combustibles. Sin embargo, señaló que en la práctica castiga a quienes ya cumplen con sus obligaciones fiscales, generando una doble carga frente a competidores —nacionales e internacionales— con menores costos.
Como contraste, mencionó el caso de Estados Unidos, donde el precio de la gasolina se mantiene por debajo del mexicano, lo que amplía la brecha competitiva. Mientras allá el litro ronda los 19 pesos, en México se ubica entre 24 y 25 pesos para la magna.
“El impuesto debe revisarse de fondo. Mantenerlo en estas condiciones no solo limita el crecimiento, sino que asfixia a la industria nacional en un contexto de apertura comercial”, advirtió.
Finalmente, cuestionó que, pese a las inversiones en refinación —incluyendo infraestructura en el extranjero y nuevas plantas en el país—, no se haya traducido en combustibles más accesibles, dejando intacta una presión clave sobre la economía productiva.












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